Lo confieso: soy una de esas personas que tienen una manía que, además de ser muy ‘fea’, como dice mi madre, es un tanto perjudicial para mi. Sí, no puedo evitarlo… ¡Me muerdo las uñas de forma un poco compulsiva! Según en qué momentos, si estoy más o menos nerviosa o estresada, lo hago con más o menos frecuencia.Este hábito que puede parecer inofensivo no lo es para nada. Las consecuencias de hacerlo son muchas. Para empezar, las físicas, pues puede llegar un momento en el que lleguemos a hacernos daños e incluso a generar pequeñas hemorragias cuando nos pasamos. Esto es lo más evidente, pero hay otros prejuicios a nivel de salud, como es el caso de provocar la generación de bacterias que terminan dando lugar a hongos. Al modernos las cutículas, como son tejidos vivos, se crean esos microorganismos y todo lo que os acabo de decir que conlleva… Otra de las cosas que puede provocar es el dificultarnos realizar determinadas tareas en las que necesitamos de cierta precisión con manos y dedos, como es abrir un llavero, asir una moneda, abrir una bolsa de golosinas, etc. Si las tenemos muy cortas pueden provocar dolor, sobre todo si tenemos hasta alguna que otra herida.A nivel emocional también provocan ciertos efectos en nosotros. Primero está el poder generarnos vergüenza y que nos baje la autoestima, por las deformaciones de los dedos que se van produciendo. La frustración al intentar no hacerlo es otra de las claves, pero vamos a intentar con los siguientes consejos que todos los que lo hacemos –me incluyo la primera y llevaré estas ideas a la práctica– consigamos dejar atrás esta manía.
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